La Ruta Inglesa

Pues si… Londres es mi próximo destino, no es que sea la mejor época del año, pero las cosas vienen así.

Tras pensarlo durante mucho tiempo y tras esperar a solucionar unas cosillas de trabajo, que mejor que venir a las tierras de Shakespeare, Newton y mi amigo Nelson, al que veré sin duda, para aprender mejor su lengua materna. Y es que hoy en día ya no vale eso de “Ai spik inglish…” si no que se necesita incluso poner acento de chicle masticado para poder hablar sin balbucear y de forma comprensible para el resto de la humanidad, que se lo va hacer es otra causa de la globalización.

Para venir a Londres, dónde me instalaré durante varias semanas, había dos rutas posibles tras decidir que me vendría en moto, para tener más libertad de movimientos y poder escaparme hacia el norte en busca del hogar de Willian Wallace. O bien me adentraba en las aburridas autopistas gabachas o bien me embarcaba cual Cristóbal Colón en una carabela moderna y cruzar el Golfo de Vizcaya, y dicho y hecho esa era la mejor opción de las dos, por economía, tiempo y en principio más descansada.

La salida de Madrid, tras despedirme de la persona que más quiero, mi chica, tomé rumbo al norte, el día era bastante feo. Pregunte antes de iniciar la marcha a Mario Picazo, como sería la travesía y el día y ya me auguró que sería algo movidito, nada grave decía, pero sus palabras eran algo irónicas, pero sinceras al mimo tiempo. Efectivamente al salir de Madrid, a los poco kilometros, el aire empezó a arreciar descaradamente, la moto parecía una bailarina nerviosa en la solitaria carretera, aun yendo tan cargada, casi 300kg, se movía demasiado. Y para colmo el día se iba oscureciendo a medida que me acercaba a Somosierra. Subiendo el puerto empezó a llover de forma intensa, pasando a ser más menuda tras su bajada, pero aun así me iba calando por lo que la parada de emergencia para ponerme las ropa de agua era imprescindible.

Los deflectores laterales, “las famosas orejeras de la adventure”, paraban algo el agua, pero me derivaban el aire a la zona de los hombros y me estaba dejando helado, y eso no era lo planeado, las protección se volvía en mi contra, por lo que más adelante tendré que poner una pantalla más grande para compensar…

Un breve momento para un cafe caliente y algo de comida antes de poner mi foco en el puerto de Santander. repuestas las fuerzas, y mirando en lontananza, el tiempo no parecía dar tregua por lo que lo mejor era llegar cuanto antes al barco para refugiarme, los guantes empezaban a hacer “aguas”. Por suerte y al llegar a la provincia de Santander, el cielo me dio una tregua, nublado aun pero sin agua, me animo para hacer lo más rápido posible esos últimos kilometros. Al llegar a puerto, ya diviso una gran cola de coches, camiones y alguna que otra moto. En la caja me dan otra “alegría”. El ferry por problemas meteorológicos, viene con retraso de al menos 2 horas y en lugar de ir Portsmouth llegará a Plymouth… me entra la risa floja, vaya!!!!, ósea se que se espera eso algo movidito verdad Mario… que razón tenía, y encima a Plymouth… pues que bien, en lugar de emplear escasas 2 horas para llegar a Londres, tendré que emplear mas de 4h. Que bien!!!. Al menos las penas con pan son menos penas, nos hacen un abono de 40 pounds, por las molestias ocasionadas… 😉

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Ya dentro del barco nos envían a la zona más profunda del ferry, atan las motos con destreza y subimos a camarotes, al menos podré ir durmiendo y precisamente eso es lo que hago. Unas ligeras drugs, para el sueño en forma de orfidal y a dormir todo el viaje… o eso pensaba yo.

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El ferry no dejaba de capotar, olas de más de 7 metros nos dicen por los altavoces, estoy en cubierta 9 de 10 y el batir de las olas llega hasta la ventana… medito me está dando. El movimiento acompasado y continuo, meciendo el barco, hace que me acostumbre, espero no dar de comer a los peces como dice mi amigo Sergio Morchón o Domingo Ortega… Sin darme cuenta, me quedo dormido y me despierto a la mañana siguiente, no ha ido tan mal como comenzaba, a medida que nos alejábamos de la costa española, el mar estaba mas calmado y las olas eran más transitables.

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Tras más de 22h de travesía, llegamos a Plymouth, el desembarco es rápido, por lo que pongo destino en el navegador y a hacer millas… se hace de noche y no me apetece mucho circular por carreteras nuevas y por la izquierda, con lluvia y niebla… lo típico aquí no?. 1390568_10202278322658024_108611554_n

La entrada en Londres es más tranquila de lo que imaginaba, nadie me espera, no hay bandas de música ni recibimiento del “Major”, mejor, así les cogeré por sorpresa y Trafalgar será nuestro, sin olvidarme de nuestra roca más preciada después de Perejil, por supuesto….

See you later and new histories soon!!!. Bye mates!!!!.

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7 comentarios en “La Ruta Inglesa

  1. Se te olvidó meterte las piedras en los bolsillos, hombre, para que no te llevara el viento. Novato !!. Para la próxima te dejo mi cajita de biodraminas, je, je, las que usaba para ir en la zodiac cuando buceaba, aún caducadas igual valen 🙂

  2. Desde luego que hubiera sido mucho mejor, el tramo hasta Santander sin aire y agua, pero Pablo las fechas que elegiste para esta aventura invitaban a esto, y claro 22 horas en un barco con tempestad, se pueden hacer eternas, suerte que te conseguiste dormir, ya voy viendo el resto del periplo Ingles.

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